¡Silencio!, callen a docentes

martes, 30 de noviembre de 2010

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El autor formalizó este envío con destino a la sección "Cartas de Lectores", pero en virtud de la extensión del mismo fue modificado su formato. Es que por lo interesante de sus conceptos y el enfoque de su desarrollo, no correspondían introducirle modificaciones para reducir su extensión. Analiza el actual estado de la escuela santafesina y el rol que les toca a los educadores. Frente a los actos de violencia, el Ministerio de Educación sólo responde con la negativa, minimización o el silencio.

Por el Prof. Julio Armando (*)

La noticia que cada vez menos es noticia por la frecuencia con que sucede y la naturalidad con la que estamos acostumbrándonos a leerla, tiene que ver con la agresión sufrida por un director de una escuela de la ciudad de Santa Fe por parte de un alumno de 15 años. El cual le aplicó un golpe en la cara con su carpeta luego que el directivo tratara de interceder en un conflicto áulico. ¿Caso aislado? Para nada, se trata de un común denominador en las escuelas santafesinas que en mayor o menor medida forman parte del ambiente en que un educador debe realizar su trabajo. Sólo se trata de uno de los casos de violencia que logra filtrarse en la prensa y que el Ministerio de Educación en su afán de tapar todo conflicto no pudo detener.
Según mencionan las crónicas periodísticas "las clases en la escuela se reanudaron normalmente pero las autoridades que quedaron a cargo no quisieron brindar información sobre lo acontecido y se limitaron a decir que es la primera vez que ocurre un hecho de violencia dentro del establecimiento. También aseguraron que se pusieron en contacto con el supervisor de la Región IV de Educación para saber sobre cómo proceder ante el hecho". ¡Silencio! ¡Sólo silencio! Una respuesta reiterativa y consecuente que brinda el Ministerio de Educación ante estos casos de violencia en las escuelas. Y una directiva cumplida al pie de la letra por las regionales de educación que parecen tener como objetivo presionar a directivos y docentes con el fin de lograr silenciar, tapar, ocultar una realidad que cada vez es más contundente. ¡La gestión del orden, el silencio y la negación!
La simple mención de la palabra conflicto hace poner nerviosos a quienes dirigen la regionales educativas que salen rápidamente a "apagar el fuego" ante un hecho que no esté previsto dentro de los cánones considerados "normales". Parecen no entender que los conflictos forman parte de cualquier ámbito donde interactúen y participen sujetos, y que la educación no está exenta de ello. Pero en vez de afrontarlos y buscar soluciones de fondo, se preocupan más por elaborar un discurso trivial, poco comprometido con la realidad y que desautorice las palabras de los docentes. "No tenemos datos de incremento. A veces el hecho de que se haga público en una cantidad importante y en breve tiempo da la sensación de que hubiera una mayor densidad de hechos. Pero no lo notamos objetivamente".Estas, por ejemplo, fueron las palabras de la ministra Rasino ante uno de los últimos hechos de violencia conocidos públicamente; en donde dos alumnas agredieron a una maestra en Rosario.

MODUS OPERANDI

El modus operandi del Ministerio de Educación es tan evidente como perverso: primero, negar los hechos o minimizarlos frente a la prensa; luego, callar a los directivos y docentes a través de sus regionales de educación impidiéndoles todo contacto mediático; finalmente no tomar ningún tipo de medida disciplinaria ni de prevención para que el hecho no vuelva a ocurrir. La filosofía de trabajo es clara "si no está en los medios el problema no existe". Pero después de esto viene lo peor, terminan insinuando que el culpable de todo es el mismo docente que "no encontró estrategias para contener al estudiante". Por supuesto que para esto siempre consiguen el aval de algún "especialista" de turno que revende teorías educativas salidas de laboratorios y alejadas de la realidad.
¿Y el gremio dónde está? Allí, en sus asuntos que evidentemente no son los asuntos de los docentes santafesinos. Tratando de ver qué mesa se puede impugnar para favorecer a sus partidarios de la CTA o viendo a qué paro se pueden adherir para quedar bien con la CTERA, tratando de simular paritarias contundentes para aparecer en las fotos con los políticos de turno o simplemente pronunciándose en comunicados de prensa sobre temas actuales pero a la vez lejanos a la realidad docente santafesina. Gremialistas que se olvidaron del polvillo de la tiza que los impregnaba hace ya varios años y que sólo huelen el perfume de los despachos ministeriales, gremialistas que les hablan a sus afiliados por medio de una pantalla de televisión y que para las elecciones mandan algunos de sus representantes a repetir discursos tan prolijos como vacíos. ¿Y mientras tanto qué? Cientos de docentes ven pisoteados sus derechos a diario desarrollando su profesión en pésimas condiciones, sufriendo no sólo la violencia física y verbal de alumnos y padres, sino también la violencia simbólica del Estado y del gremio que hace como si nada pasara. Nada de esto se resuelve con un 5, 20 o 90 por ciento de aumento salarial, la dignidad no tiene precio, la tranquilidad y complacencia con el trabajo que uno hace tampoco. ¿No será hora que en las paritarias se hablen estos temas a fondo?
Por otro lado debemos preguntarnos qué responsabilidad nos cabe a los docentes. Mucha, sin lugar a dudas. En cuántas ocasiones resignamos nuestros derechos por "no tener problemas" con la Regional, con los padres, o con quien sea. Cuántas veces nos prestamos a jugadas políticas realizando paros cuyo único beneficio es un día menos de trabajo y que en nada colaboran con la realidad que vivimos. En cuántas ocasiones banalizamos nuestros reclamos reduciéndolos a lo estrictamente salarial y cuando nos ofrecen un porcentaje aceptable dejamos de lado las otras demandas que hacen a las condiciones laborales y a nuestra dignidad como trabajadores. Nuestro rol como educadores es fundamental, y nuestra pasividad habla más que nuestras acciones. "Son los gajes del oficio" podría pensar alguno, "si se quejan que se busquen otro trabajo" podría decir otro como tratando de darle una solución de fondo a la cuestión. Ningún tipo de violencia podría ser considerada como parte de un trabajo, ni mucho menos se le podría prohibir a un ciudadano ejercer su vocación por el hecho de no soportar situaciones que trascienden lo estrictamente profesional.

FORMULAS MAGICAS

¿Y entonces la solución? En estos temas tan complejos no sirve comprar soluciones instantáneas a modo de fórmulas mágicas, pero la primera que aparece sin lugar a dudas tiene que ver con salir de este estado de negación permanente por parte de algunas autoridades respecto al tema e iniciar un camino de profundo debate comprometido con los actores educativos. Cuando hablo de debate comprometido me refiero a concluir en acciones concretas en las que se tengan en cuenta no sólo los derechos de los estudiantes sino también el de los educadores. No cursos, no charlas, no conferencias, no manuales solamente. ¡Debate!
Esto implica multidireccionalidad del discurso y pluralidad de voces.
Basta de propuestas unilaterales que bajan desde las esferas ministeriales a modo de dogma fundamentalista. ¡Los docentes deben ser escuchados! Hasta cuándo van a sostener ese doble discurso: por un lado llenan sus alocuciones de palabras como diálogo, consenso, participación pero en la práctica muestran ser tan conservadores como siempre. "Las soluciones son a largo plazo" dirá alguno acertadamente.
Sin dudas acá hay cuestiones sociales de fondo que no podemos ignorar y que no se cambian de un día para otro. ¿Pero mientras tanto qué?
¿Seguimos condenando a una generación de docentes a problemas de salud de todo tipo vinculados estrictamente con las condiciones de trabajo?
¿Seguimos pisoteando derechos de trabajadores exponiéndolos a situaciones insalubres esperando un cambio que deberá llegar en 20 años? ¿Y cómo sabemos que estamos en ese camino si todavía ni siquiera salimos del estado de negación permanente ante de los hechos? Se supone que ese es el primer paso para cualquier tipo de cambio. ¿Acaso nada se puede hacer ahora? Creación de cargos que desdoblen los grados numerosos, especialistas permanentes en las escuelas que atiendan conflictos, reglas claras y sanciones firmes que organicen la vida institucional podrían ser algunas de las propuestas. ¡Sí, sanciones!
Por más que algunos se mueran de espanto, como aquellos que asocian este término a la "exclusión escolar". Sanciones que existen en cualquier ámbito de la vida y que nos ayudan a formarnos como ciudadanos responsables. Las escuelas se han transformado en lugares donde la mala educación, la violencia, el descontrol son justificables a cualquier precio. A todo se le encuentra un porqué que calma conciencias pero que en nada modifican conductas. Sin dudas el tema no se agota en estas palabras, todo lo contrario, lo que intenta es comenzarlo. Y que quieran o no las autoridades educativas los docentes comencemos a hablar y no dejar intimidarnos por cualquier tipo de coerción que nos impida defender nuestros derechos.

(*) juliocesararmando@hotmail.es 

Fuente: Diario La Opinión de Rafaela

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